¡ésta es una PLAZA!

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AGENDA 2022

ARTISTAS 2022
Habitar lo inhabitable

Instalaciones: Ramón González Palazón (esp) y Genadzi Buto (blr)
Proyección: Paulius Sliaupa (lit), Jan Locus (bel), Przemek Węgrzyn (pol), Enar de Dios Rodríguez  y Terra Kitoko (bel) 

La ecología, la preocupación por el terreno, los paisajes y sus recursos, ha conseguido articular el eje de los debates y preocupaciones políticas, económicas, científicas, pero también simbólicas y sociales de los últimos años. Y es que siempre que un cuerpo camina o discurre por un entorno, abierto o cerrado, más o menos abigarrado, un espacio queda ocupado. Este ocupar, no obstante, conlleva dos procesos. El primer ocupar es siempre físico, palpable. Deja rastros y huellas y es fácil de identificar. Pero hay un segundo proceso, simbólico, que tiene que ver con el habitar: pasear el paisaje, vivirlo, pensarlo y soñarlo. Aunque, también, invadirlo. En un mundo con dificultad de habitar lo ya asumido como inhabitable, la selección de instalaciones y vídeos exhibidos y proyectados en ¡Esta es una plaza! permiten imaginar otras formas de pensar el paisaje y, por tanto, de pensarse en su propia relación con el paisaje.

Los vídeos de Genadzi Buto y Ramón González Palazón guardan similitudes en su manera de afrontar o postular sus relaciones con el paisaje. En Despite the darkness (2021), de González Palazón , asistimos al imperceptible rastro de una hormiga, de los cuerpos pequeños que están allí, alrededor de nuestra ignorancia, a nuestro pesar. No obstante, un cambio en la mirada, esto es, en la cámara, en la luz, y en el detenerse de una mano anónima, altera la relación que mantenemos con esos seres. Aquella mano, y su extensión en un lápiz, sigue la sombra que deja la hormiga. La recorre con paciencia y cautela, con cierta distancia y disimulo, hasta que el recorrido de la hormiga se hace visible, tangible. Pero este dibujar del paisaje ignorado nos devuelve, sin embargo, un laberinto del que quedamos presos. No sabemos quién relata ahora, si la hormiga o la mano que la sigue. Ni a quién le pertenece ese laberinto, si a la hormiga que huye o a nuestra aflicción que lo habita. No obstante, incluso la densidad del trazado no termina por acallar la plácida luz que por sus grietas asoma. Dentro del abismo, dice el artista, “se abre paso la luz que, a pesar de la oscuridad, permanece inseparable”.

Por su parte, la mano de Buto , en Too big drawing (2021), apoya también la inquietud de un lápiz sobre un folio en blanco. Pero el recorrido que traza este segundo se aleja de la precisión de la anterior escena y recuerda al vasto despliegue del viaje, en el que los límites se desdibujan y el lápiz se desliza vigorosamente por la superficie. Primero, del estudio, pasillo y edificio que habita. Después, el exterior, en una veloz e ininterrumpida marcha en la que la superficie de grafito interactúa con las texturas de los distintos objetos: recepciones, estudios, cafeterías, aceras, parques, veredas, piedra, hierro, plástico y cemento son algunos de los materiales que acogen el viaje de este dibujante, que parece descubrir en su camino también aquellos parajes deshabitados, unos sobrantes de actividad humana y otros libres de sus excesos.

Salimos de la precisión y del estudio para dejarnos embelesar por la contemplación de Jan Locus. En Masters of the Land (2014), el artista retrata el paisaje de una Moldavia sumida en un proceso de industrialización, tras su separación de la URSS, pero que, como explica él mismo, ha visto morir sus tierras por un plan económico que ni siquiera compensa las necesidades de los terratenientes. Un halo de silencio recorre los planos generales que alternan la vista de un majestuoso paisaje, en el que predominan las laderas ceniza que han visto interrumpido su trazado por la ambición de unas máquinas anónimas que perecen como ruinas. Tan sólo unos breves espacios urbanos, casi vacíos de actividad, y los textos del poeta húngaro Ferenc Juhász y de la chamana Kyrgys Khurak, interrumpen el tímido discurrir de las imágenes.

Przemek Wegrzyn se decanta también por el retrato del paisaje europeo en Piko i Brunatny (2021), pero el tono y el relato adquieren otros tintes incluso más sombríos. “Imagina una tierra lejana donde todo resplandece”, le dice el que parece un padre a su hijo, en un viaje de recuerdos apaciguadores, pero en el que la cámara propone un viaje en carretera en el que los densos bosques europeos ceden ante la pesadez de las chimeneas de las centrales térmicas y nucleares; los palos de tensión eléctricos cortan en pequeños fragmentos enrejados el cielo; y las llanuras fallecen desérticas por el agravio bajo un manto de nubes cargadas de un agua que no sueltan. Aquel paisaje desnutrido es referido, precisamente, como el monstruo de los cuentos infantiles.

De llanuras y paisajes helados, registrados también en clave de un recuerdo velado, hablan las estructuras y formas minimalistas de The monk (2021), de Paulius Sliaupa, obra en la que la cámara se desliza con suma precisión sobre una serie de escenarios en los que las extensiones se diluyen, recubiertas de un inmóvil manto blanco que recuerda a la nieve. Aunque nada tienen que ver con el paisaje idílico relatado, que remite a la más cálida infancia, sino, más bien, con una serie de estructuras inorgánicas, claustrofóbicas, que interactúan con las huellas y resonantes silencios de los entornos urbanos. Diferentes, estos últimos, de las escenas capturadas por Terra Kitoko en su (La)Fureur de Vivre, (2021), mezcla de retrato introspectivo de una voz exhausta y de diario recopilatorio de los paisajes testigos de sus viajes. Una oda de repeticiones inconclusas a la congoja de vivir y los entornos por los que se discurre, así como una reflexión sobre lo analógico y digital.

Por último, Enar de Dios Rodríguez, con Liquid ground (2021), se anima a explorar la ubicuidad de los fondos marinos, líquidos en un sentido físico pero sobre todo simbólico. Líquidos por desconocidos, por inmanentes, por cambiantes, por lejanos, pero también por maleables, consumibles, arrasados. Combinando material de archivo como diapositivas o litografías con exploraciones más recientes del digital, la artista propone un acercamiento a esta nueva extensión del neocolonialismo, en la que la explotación de las costas se ha expandido hasta enturbiar los inexplorados fondos marinos, hasta la fecha tan solo testigos de la irremediable y silente abstracción del mar.

Texto: Luis Cemillán

ARTISTAS

FOTOS 2021

AGENDA 2021

ARTISTAS 2021

IDENTIDAD: Un proceso de/en construcción
¡ésta es una Plaza!

Artistas: Clara Rodríguez Arasanz (esp)Laia Suru Valverde (esp), Raquel Durán Illanes (esp) – Rut Briones Ruibal (esp), Roberto Santaguida (can), Velvett Void (chi) y Paula Rubiano Aza (col)

¿De qué hablamos cuando hablamos de identidad? ¿Por qué hablar de identidad? ¿De qué identidad estamos hablando?

La identidad es una constante en la filosofía, en la estética y en las expresiones del arte contemporáneo. Es un tema recurrente en los medios de comunicación, es un argumento político, es una búsqueda incesante en el ser humano.

Intentar abordar genéricamente el concepto de IDENTIDAD significa hoy y desde hace décadas, un descenso al caldo espeso de la confusión y al fracaso de las buenas intenciones.

La identidad puede estar definida por el grupo de edad, por las relaciones, por la cultura, por la misma política, por la religión, por afinidades intelectuales. La identidad psicológica mira al “self” como un mismo constructo compuesto de dos identidades intrínsecas: la personal y la social…  Son muchos los ámbitos de la identidad y no podemos pensar en ella sin aplicar cada uno de estas posibilidades (y muchas más), sin fragmentar el concepto mismo de identidad, sin adjetivarla. Y además debemos hacerlo de manera transversal y poliédrica.

Pero catalogar la identidad es etiquetarla, y en la actualidad el abordaje se considera más un problema epistemológico, un proceso en continuo cambio, en construcción. Lo podemos comprobar desde los enfoques de la filosofía clásica, en Nietzsche, o en el planteamiento de Saussure de que no existe un significado único para cada significante y que la relación entre ambos es contextual e histórica.

Diferentes autores han profundizado en los procesos de construcción de la identidad reconociendo su carácter polimorfo, líquido y específico. Bourdieu y Dubet han expresado la necesidad de revisión del concepto identidad porque no designa el término para el que fue creado.

PROYECTOR2021 en su 14ª edición, en ¡ésta es una Plaza! muestra la visión de distintos artistas/ grupos creativos en una suerte de realidad fragmentada como la propia identidad de sus personajes y el contenido de sus propuestas.

Con Clara Rodríguez Arasanz (esp) y Laia Suru Valverde (esp) asistimos al proceso mental y vital de las protagonistas de [B]ellas, compartiendo la evolución de sus identidades y las experiencias que conforman un universo cómplice, matriarcal, de reivindicación ética (derechos, género) y estética fuera de los cánones que glorifican la juventud, haciendo visibles arrugas y cicatrices. Conciencia y empoderamiento.

El mejor de los mundos de Raquel Durán Illanes (esp) y Rut Briones Ruibal (esp), es una pieza que nos inquieta por su carácter dramático y surrealista. Nos identificamos en una línea de vida representada a través del juego obsesivo entre la imagen proyectada y la deseada del individuo social, un mosaico de relatos que incide en su yo público “presionado” y “cuantificado”: Esperamos. Contamos. Esperamos. Contamos. Identidades que conviven en conflicto.

El universo según Dan Buckley de Roberto Santaguida (can). Desvela una entidad sutil y expresiva donde el yo se extraña de sí mismo, dificultando el entendimiento del mundo que nos rodea y de las relaciones del individuo con el entorno. Una “extrañeza” que se autopercibe como “holograma” algo muy común en nuestras interacciones con las tecnologías.

Devenir virtual de Velvett Void (chi) se autoproyecta en una representación posible de convivencia entre la representación del mundo material y el virtual. Un espacio donde la señal de vida puede ser la señal de wifi, el algoritmo, el software… 
Otra Habitación Propia de Virginia Wolf explorando una identidad que podría pertenecer a un nuevo Mujeres y ficción, dentro de una realidad- red: Instagram, Facebook, Tinder, Google Earth… donde se mezcla para siempre apariencia, ficción, deseo y vulnerabilidad. Un nuevo holograma.

Mujeres migrantes: diálogos de ida y vuelta de Paula Rubiano Aza (col) presenta una visión de la identidad más analógica que las anteriores. Vivencias que conforman una realidad cotidiana de racismo, discriminación de género, xenofobia, enfrentando al yo-vivido con el yo-percibido y al proceso de construcción de nuevas vidas en nuevos lugares y culturas. Por lo tanto, de identidades.

[Las] identidades nunca están unificadas y, en los últimos tiempos modernos, progresivamente fragmentadas y fracturadas; nunca singulares sino construidas múltiplemente a través de diferentes discursos, prácticas y posiciones, frecuentemente entrecruzadas y antagónicas (Hall, 2000:227).

* Hall, Stuart (2000). “¿Quién necesita la identidad?”, en Buenfil, R. N. (coord.) En los márgenes de la educación, Ciudad de México: Plaza y Valdés Editores, pp. 227-254.

Texto: Joana Groba

ARTISTAS

AGENDA 2020

ARTISTAS 2020
A gusto de Turista

Artistas: Jeff Zorrilla (eeuu), Gregorio Méndez Sáez (esp), Jacqueline Heeley & Philippe Faujas (irl) y Marcos Bonisson & Khalil Charif (bra)

Es imposible obviar en esta muestra el hecho que está aconteciendo, la vida se ha visto algo más acorralada y queda al descubierto que el futuro no está solo en manos de las personas que lo habitan. 

Cabe decir que este texto al igual que el festival entero se está materializando en la primera época pandémica del siglo XXI. Es interesante pensar en el futuro cuando al otro lado del cerco de la puerta no hay mucha luz arrojada, puede causar ansiedad. Hoy nos vamos a juntar a calmar esa ansiedad con cuatro piezas de videoarte en Ésta es una PLAZA!, uno de los ejemplos de organización vecinal en una ciudad, lugar idóneo para este pase.

Hoy, aquí intentaremos reflexionar a lo largo de 40 minutos sobre la actividad del turismo y la del mundo organizado a gusto de consumidor y su dinero. Pero intentemos situarnos desde nuestro punto de vista, desde nosotrxs mismxs mirándonos a nosotrxs mismxs.

Con este contexto claro se hace preciso para esta exposición detonar y precipitar una meditación que nos devuelva a un estado similar previo a este momento de agitación de ciertas estructuras, para así volver a ellas y que nuestro sistema super productivo siga siendo el que nos ha traído hasta este punto y aparte.

Empezaremos la sesión con el director estadounidense Jeff Zorrilla y The Impossible Flowers, una saturación de voces, de relatos, de imágenes de un archivo común y cotidiano que nos podría traer a imágenes ya vividas, lo cual nos vendrá bien para ejercitar fuertemente la concentración tratando de oír alguno de los testimonios o citas que suenan mientras las tratamos de relacionar con alguna imagen dentro del caos que supone el cruce de tanta información para asimilar en 25 fotogramas por segundo.

Hel City del burgalés Gregorio Méndez nos servirá para comenzar a distendernos, a relajarnos y pensar en el espacio que ocupamos con su edición de vídeos de aficionadxs turistas de finales de siglo XX. Las cuestiones y alusiones al puesto que ocupamos en el pasado, presente y futuro a través de la voz de Hel (un ciborg que nos guiará por los devenires improductivos de un posicionamiento firme y profundo) enfrentadas a la diversidad de sitios por los que lxs turistas de Méndez pasan y ahora nos sugieren imaginarios similares a los de Zorrilla en el anterior vídeo, pero esta vez con una visión más focalizada y serena.

Es entonces cuando Dead end, de lxs directorxs Jacqueline Heeley & Philippe Faujas, nos zarandeará desde esa calma de la que podremos disfrutar con sus imágenes dobles de paisajes y texturas que se velan y se mantienen. Y nos agitará pero de forma muy sutil con una pregunta muy sencilla que se va descubriendo entre escenas.

Poco queda ya, solo volver de los vídeos al peligroso mundo tangible que vivimos pero necesitaremos la ayuda de la última pieza, de lxs directorxs brasileñxs Marcos Bonisson & Khalil Charif, Kopacabana, que como bien nos aconsejan a lo largo de una larga lista de vídeos espontáneos y de aficionados que nos siguen trayendo a aquel turista de finales de siglo XX detrás de una cámara grabando, en este caso en la ciudad Copacabana, usaremos el mantra Kopacabana, Kopacabana, para salir del trance cómodamente y sin mucho conflicto interno, y así poder volver a la inevitable rutina de una vida socialdemócrata.

Repite conmigo, Kopacabana, Kopacabana…

Texto: Carlos Clemente

ARTISTAS

AGENDA 2019

ARTISTAS 2019
Político, social

En Esta es una plaza, lugar de memoria latente, el festival presenta nueve piezas que buscan ser intervenciones en lo “político, social”; esto es, en los asuntos de la ciudad o del Estado (“πολιτικός”), en los asuntos de la comunidad (“sociālis”). En medio de su heterogeneidad temática, geográfica y estética, estas obras logran hilarse entre sí a través de una estrategia común: la utilización del videoarte como medio expresivo capaz de hacer coincidir, en un mismo lugar, la imaginación individual con la imaginación colectiva o política, iluminando de esta forma acercamientos insospechados a nuestro presente.

Nos encontramos con una formulación explícita de esta problemática en las obras de Elke Andreas Boon o Francesca Leoni. En ellas se nos propone reflexionar sobre la interacción del sujeto y su entorno; la construcción, siempre recíproca, del individuo y la colectividad; los vínculos sociales como anclaje y cemento de la subjetividad. En la obra de Boon, Me and My Sister (2015), la artista belga nos presenta el rotundo retrato de dos mujeres que dialogan corporalmente a través del gesto de fumar y protegerse los ojos del humo, en lo que busca ser un apunte visual sobre las relaciones familiares y sus consecuencias en la construcción de la identidad. Por su parte, en Ego-crazia (2017), Leoni nos muestra la teatralización de un juego tradicional, las sillas musicales, con el fin de desplegar un simulacro de las relaciones de poder subyacentes a los grupos humanos.

¿Cuál es el papel de la imaginación y la fantasía en la entraña de un mundo roto y convulso? En este conjunto de obras también localizamos juegos, situaciones construidas, animaciones cargadas de resonancias poéticas que quieren rasgar un orden social esclerótico. Es el caso de la pieza Rues de l’Égalite (2013), de Catherine Radosa, donde se documenta el paseo de un ciclista por París, quien porta consigo la señal, devenida bandera, de la Calle de la Igualdad, reactivando la historia republicana de una ciudad marcada por la especulación y la turistización. También el de la exquisita Hipnosis para encontrar tu lugar en el Mundo (2018), de Blanca Gracia Gallego, en la que se nos propone un recetario para recuperar la magia y la utopía en el violento momento actual; o el de Reclamar el eco (2012), de Marco Godoy, donde se ficciona la interpretación de las consignas del 15M por parte del coro Solfónica. En esta última, Godoy adapta los lemas de los Indignados a las obras musicales del compositor barroco Henry Purcell, quizás en un intento de hacer converger la Historia del Arte con el instante de empoderamiento colectivo vivido en 2011.

Al mismo tiempo se nos pregunta sobre el poder y la función de las imágenes en el mundo social, ensayando algunos puntos de fuga. En We love me (2017), Naween Noppakun nos ofrece un vertiginoso y hermético collage de retazos audiovisuales recogidos de la cultura popular y mediática tailandesa, en un intento de retener su propia memoria en una suerte de “cápsula” de imágenes. Sin establecer un hilo narrativo o argumental, la pieza de Noppakun problematiza el fenómeno de la memoria en su dimensión puramente visual, desbordando lo decible o inteligible, con el fin de imprimir una huella afectiva en las personas que la contemplamos. Esta estrategia es recuperada por Chen Wan-Jen en Platform 2 (2006) donde, combinando imágenes analógicas e imágenes construidas digitalmente, recrea una escena típicamente urbana, la espera en una estación de tren, planteando la delicada interrelación entre ficción y realidad, así como su impacto en nuestra experiencia sensible.

Por último, también hallamos obras que exploran las posibilidades del videoarte a la hora de representar y, por tanto, repensar el mundo. En The Strangers (2018), Yuan Goang-Ming introduce un potente foco lumínico y una cámara de alta velocidad en la estación de Zhongli, ubicada en la ciudad taiwanesa de Taoyuan, retratando los rostros de todas las personas que esperan la llegada del tren, en su mayoría migrantes provenientes del Sudeste asiático. De este modo, Gong-Ming trata de congelar la presencia de esos “extraños”, presentes pero invisibles, que habitan la sociedad taiwanesa. Por su parte, el colectivo Belangtelon Initiative ensaya en Windswept (2017) una visión aérea inédita del paisaje urbano, instalando una pequeña cámara de vídeo en el cuerpo de una paloma. Retomando la práctica de las carreras de palomas (“adu doro”), propia de las clases suburbanas indonesias, la pieza retrata la reconversión del paisaje en las periferias de la ciudad portuaria de Surabaya, enlazando esta memoria afectiva y política con las transformaciones desatadas por la globalización en el país.

La muestra finalizará con una intervención inédita a cargo de Iván Puñal, Miniconcierto con audio improvisado sobre vídeo generativo, incluida dentro de su proyecto “Universo 25”. En él, el artista madrileño explora los efectos de la sobrepoblación en el planeta y en las propias sociedades humanas, esgrimiendo la distopía como herramienta para el pensamiento.

En todas las obras que aquí se presentarán se nos ofrece una ventana de experiencia en diálogo con el mundo social que nos contiene y nos conforma. Una ventana de experiencia que, en último término, problematiza este mundo, abriendo el campo de lo político al terreno de las imágenes y la imaginación.

Texto: Inés Molina Agudo

ARTISTAS 2016

ARTISTAS 2015

Descripción