Atypical, and yet compelled to define itself, CRUCE identifies as a Cultural Association (notably and tellingly: non-profit). An association because it proudly acknowledges having existed uninterruptedly since 1993 thanks to its members’ dues. Cultural, because it undeniably belongs to the cultural sphere, though throughout its existence it has observed how much both the very concept of culture and the role assigned to it in society have changed—society being, paradoxically, both starved for and saturated with cultural activity.
From its beginnings to the present day, CRUCE has embraced a radical indeterminacy and has gone to great lengths to avoid answering the question “What is CRUCE?” This is not an attempt to evade having a clearly defined purpose. For many reasons, this indeterminacy has been—and remains—essential to CRUCE’s existence. Only through this lack of definition can it claim the authority to speak freely, with the independence of one who refuses to see itself as a representative of anything or anyone, unconcerned with defining its being or pursuing a goal that might validate its existence—because it does not wish to be anything.
As an association, CRUCE has—without intending to—become a model of association in at least one crucial respect: its members and friends contribute to its continued existence despite not knowing, from the start, what exactly it is they are sustaining. And for that very reason, CRUCE exists solely through the trust that only they place in the reach of its endeavor. Therefore, beyond the many activities that take place within CRUCE—without which, of course, it could not exist—what matters first and foremost to its members is simply that CRUCE exists.
In place of the question it has resisted from the outset (“What is CRUCE?”), another has taken shape—one considered more fundamental: “What to do with CRUCE?” A question posed as a challenge, one that opens the door to all possible meanings, and that captures the ambition underlying it: not merely to propose a doing with, but to acknowledge a background of non-doing, a kind of purposelessness necessarily shared by those who, despite themselves and without knowing it, continue to form a community.
¿Cómo influye el espacio de trabajo en la producción de una obra?
Moverse, ocupar o intervenir un espacio permite que surjan nuevas dialécticas entre el cuerpo, los materiales, la obra y su entorno. De este modo, el espacio se convierte en una herramienta de investigación que da forma a nuevos procesos e ideas a través de la experimentación.
Durante esta sesión de OPEN STUDIOS, revelaremos el proceso de creación de la actual residente de VERTICAL<25, Petra Montoro, en su espacio de trabajo, CRUCE, en conversación con Rebeca M Urízar, gestora de la convocatoria. Un pequeño adelanto de lo que veremos en la exposición Acabar de romper el jarrón en NAVEL ART durante el Festival PROYECTOR 2026.
La convocatoria VERTICAL<25 es una iniciativa de la Plataforma PROYECTOR destinada a jóvenes que trabajan con vídeo experimental, animación y nuevos lenguajes audiovisuales, con el apoyo de Hertzog da Silva. Desde 2023, este programa propone pensar el formato vertical no únicamente como consecuencia de las pantallas móviles y las redes sociales, sino como un lenguaje con posibilidades espaciales, narrativas y perceptivas propias y facilitar los recursos para desarrollar un proyecto curatorial a una nueva generación de creadorxs.
Hasta ahora ha acogido los trabajos de Florentino Vargas (2023-24), Jhonny Carvajal (2024-25) y Petra Montoro (2025-26). Durante aproximadamente un año de programa personalizado que incluye encuentros e intercambios con otrxs artistxs o agentes, presupuesto de producción y honorarios, acompañamiento curatorial y espacio de trabajo, los jóvenes artistas consolidan la producción de un proyecto curatorial individual.
Este 2026 PROYECTOR celebra su 19ª edición, reafirmando prácticas, propuestas, obras y discursos que no responden a modas sino a una necesidad. El festival se consolida como uno de los primeros espacios dedicados a la imagen en movimiento, y tras casi 20 años de trayectoria mantiene su espíritu y urgencia por el videoarte. Si bien el festival impregna y hace suya desde 2008 la ciudad de Madrid con el Recorrido OFF, ampliando el programa a través de la implicación de galerías y museos, también se abre a una red internacional activa en colaboración con festivales como InShadows (por), Loops.Expanded, PLAY (arg), URUGUAY (uru) y VIDEOBARDO (arg).
Desde el 9 hasta el 20 de septiembre, PROYECTOR activa Madrid a través de más de 30 sedes, un año más con la participación de artistas de 30 países diferentes y una presencia mayoritariamente femenina, ocupando desde instituciones, espacios independientes hasta estudios de artistas. Articulando así un recorrido con más 100 obras entre las cuales hay performance, cine expandido, videoarte e instalaciones site specific. Cada una de estas, en diálogo con los contextos que las acogen. Por ello, desde PROYECTOR no proponemos una experiencia de carácter uniforme sino que se trabaja con la diversidad de formatos, procedencias y posiciones, en medio de un momento de homogeneización y saturación visual, siendo un espacio importante desde donde observar, expresar y pensar el presente.
Durante el festival, el acceso es gratuito, pues PROYECTOR se compromete en el desarrollo del espacio cultural accesible, transmitiendo además todas las actividades en streaming para ampliar su alcance más allá del ámbito local.
Paralelamente, VERTICAL<25 continúa con el apoyo y fomento a los creadores más jóvenes en formato vertical ofreciendo residencia de producción, exhibición y acompañamiento anual.