Lo que queda después

09 – 20.09.2026
Presentación y performance fílmica el 15 septiembre a las 20:30h


Artistas: Emiliano Reyes (méx), Hilsamer (ale), Malo Lacroix & Mutaqaa (fra), Roberto López Flores (méx), y Ж (bra)

Hay imágenes que no registran simplemente el mundo: lo atraviesan, lo desgastan, lo perforan. Las obras reunidas aquí parten de territorios, arquitecturas y cuerpos marcados por aquello que permanece después de que una promesa, una guerra o una forma de vida hayan pasado por ellos. Trabajan sobre los restos, pero no necesariamente desde la nostalgia. Más bien se preguntan qué puede hacerse todavía con aquello que hemos heredado.

En Äther, de Hilsamer, las arquitecturas circulares de antiguos futuros —invernaderos, cúpulas y estructuras concebidas alguna vez como espacios para una vida mejor— aparecen como vestigios de una modernidad que imaginó otros modos de habitar. Frente a las actuales fantasías de colonización espacial, convertidas en proyectos privados de poder y tecnología, estas ruinas terrestres plantean otra posibilidad: permanecer. Habitar temporalmente aquello que fracasó, no para reconstruirlo como era, sino para pensar qué vida puede comenzar entre sus fragmentos.

Esa tensión entre territorio, pérdida y transformación atraviesa Billharf Alwahad بالحَرف الواحَد, de Malo Lacroix & Mutaqaa. Aquí la materia pictórica se convierte en territorio: se acumula, se vacía, se densifica y es violentada. El desplazamiento forzado deja de ser únicamente una experiencia representada para convertirse en una condición física de la imagen. Mediante capas, repeticiones y una lógica de mise en abyme, la obra aproxima la guerra a una experiencia perceptiva en la que el espectador debe enfrentarse a aquello que permanece cuando un territorio es sometido por otro.

En Consider, de Ж, la violencia adopta una forma casi insoportablemente bella. Las bombas se confunden con fuegos artificiales y los destellos de la guerra televisada con estrellas sobre un cielo negro. La propia película es perforada por la luz. Ese gesto mínimo vuelve material una contradicción contemporánea: contemplamos a distancia imágenes de destrucción convertidas en espectáculo mientras, en otro lugar, esa misma luz significa muerte. La obra se sitúa precisamente en esa distancia y la cuestiona.

También Destellos, de Emiliano Reyes, trabaja desde una percepción fragmentaria. Fotograma a fotograma, una masía en el bosque deja de ser únicamente arquitectura para transformarse en presencia: una entidad que parece observar, respirar, escuchar y acumular la experiencia de quienes la habitan. La casa se convierte así en otro tipo de archivo, no construido a partir de documentos, sino de luces, sonidos, movimientos y pequeños acontecimientos que sobreviven en la película.

En OAXACA INGOBERNABLE, de Roberto López Flores, el archivo vuelve a desplazarse hacia la superficie del territorio. Muros, grietas, pintadas y huellas urbanas contienen una memoria política que continúa escribiéndose. La ciudad aparece como una piel sobre la que distintas generaciones han dejado inscritas sus luchas, demandas y resistencias. Este “cinema-piel” se propone como un protoarchivo: no una memoria cerrada del pasado, sino un material dirigido hacia el futuro.

El empleo del 16 mm y del Super-8 en estas obras no funciona únicamente como una elección estética. La película es también materia vulnerable: se raya, envejece, arde, acumula polvo, puede perforarse o desaparecer. Frente a una imagen digital aparentemente infinita y reproducible, cada fotograma recuerda que toda memoria depende de un soporte y que todo soporte puede perderse.

Hilsamer, Malo Lacroix, Mutaqaa, Ж, Emiliano Reyes y Roberto López Flores trabajan desde lugares y contextos diferentes, pero sus obras confluyen en una misma pregunta: ¿qué hacemos con aquello que queda?

Ruinas de futuros que nunca llegaron, territorios atravesados por la violencia, hogares que conservan las vidas de quienes los ocuparon, ciudades que escriben su historia sobre sus propios muros. Quizá recordar no consista en conservar intacto el pasado, sino en aprender a mirar sus restos y encontrar, dentro de ellos, una posibilidad todavía abierta.

Texto: Mario Gutiérrez Cru