Dónde Habitar – BIM

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Dónde Habitar

Ante la pregunta de dónde habitar uno siempre tiene que preguntarse primero la diferencia entre habitar y vivir, y los significados de cada uno de estos términos. Luego ya podremos pensar en cada una de sus posibles acepciones. Illich en La reivindicación de la casa decía «Habitar es la huella de la vida. Habitar es dejar huella». Y en un texto posterior El mensaje de la choza de Gandhi puede leerse «Solo los hombres pueden habitar. Habitar es un arte. Únicamente los seres humanos aprenden a habitar.» 

Si habitar es un acto solo de humanos y consiste en dejar huella, en aprender; y si habla de un habitat o contexto territorial, o incluso si nos enlaza de algún modo con la ciudad, la habitación o el hábito, en este comisariado veremos qué artistas han tomado algunas de estas ideas para sus piezas, qué les ha llevado a ello y qué posibles conclusiones se han tomado y por qué.

Si además de un acto únicamente de humanos, consideramos la necesidad de vivir, tendremos que ver si estamos o no confirmes con nuestras vidas, si somos felices, si somos conscientes de lo que tenemos, de lo que no tenemos, o de lo que podríamos tener si simplemente eligiéramos lo que nos hace felices, sea esto importante, caro, sencillo o digamos utópico.

«Hombre no es el que camina sino el que elige y cuándo un hombre elige no camina sino vuela.» Facundo Cabral

Si uno se plantea de primeras dónde habitar, antes deberíamos definir ¿qué es? ¿para qué ? ¿cuál es el lugar que realmente uno quiere hacerlo? ¿elegimos el lugar o nos viene dado? ¿nos gusta? ¿lo sentimos nuestro? ¿nos pertenece o pertenecemos a él? ¿habitar es dejarse llevar? ¿hacer lo que no dicen? ¿contemplar cómo pasa la vida? ¿no hacer nada? ¿no parar de hacer cosas? ¿cómo hacerlo realmente, sin saber qué es eso? ¿cómo planear una ciudad? ¿Cómo plantear nuestra vida?.

El programa empieza con la pieza Solo yo del costarricense Javier Calvo que nos plantea la idea de identidad a una región, territorio o país. Además nos pone en cuestionamiento la idea de “blanquear”, en este caso su país Costa Rica. Este blanqueamiento racial (social, político y económico) que han sufrido, o incluso desean, generaciones enteras de ciudadanos de países postcoloniales, es escenificado en su propio cuerpo, en una acción que le hace a su vez quemar (oscurecer) su piel y casi en un bucle, tratar de borrar (blanquear), haciéndonos pensar no solo en el color de su piel, sino también en su país.

Si continuamos con esta idea de pertenencia o no a un territorio demarcado y definido como país, en este caso la artista Núria Güell con la obra Apátrida por voluntad propia/em> intenta una y otra vez dejar de pertenecer al mismo (territorio, bandera e himno) que no la identifica, en este caso España. Esta obra se suele presentar a modo de instalación acompañada de documentos y fotografías que tratan de explicar con mayor exactitud esa necesidad de convertirse en apátrida, en ciudadano de ninguna patria, término legal acuñado en 1954 en la convención del Estatuto de los Apátridas de las Organización de las Naciones Unidas que lo definió formalmente como «cualquier persona a la que ningún Estado considera destinataria de la aplicación de su legislación».

Pertenecer a un país, a una unión de países como es la Unión Europea, o votar y separarse de lo que supuestamente es el futuro, la unión de todos los individuos, de todas las naciones, de todas empresas. En un mundo donde cada vez es más difícil mantenerse separado, independiente Christina Schultz nos presenta mediante footage de películas y series policíacas el problema de Brexit en su obra Decision of no Return .

Algunos artistas (personas) no pueden continuar en sus países por motivos políticos, religiosos, sexuales o personales y tienen que huir como es la dramática propuesta de los artistas brasileños Luciano Scherer y Maira Flores en su obra Sin Título (Reflejos) donde ellos mismos encaran, se ponen en situación, con los miles de muertos que a diario aparecen en orillas de todo el mundo tras intentar, en este caso sin éxito, ir a un país aparentemente mejor. La pieza, normalmente presentada como tríptico multicanal sobre una camada de agua, en este caso se presenta más cruda, menos teatral, donde cuerpos se multiplican en paisajes supuestamente idílicos.

Otros artistas se enfrentan directamente con la burocracia, al papeleo, «al vuelva usted mañana» de Larra. Las fronteras, franqueables o no, son siempre lugares inhóspitos, donde uno siempre va con temor a que no le dejen pasar, a que le falte un papel, o incluso a no volver nunca al lugar donde partió. En este caso The Distance From Here de la artista paquistaní Bani Abidi nos habla de la frontera entre Paquistán y la India, y de manera casi cinematográfica nos plantea, con extras y en un plató, la parodia diaria que se convierte en trauma para cientos de personas que no consiguen cruzar de un simple trozo de tierra a otro.

El español Christian Lagata en A World In Ruins nos habla de lugares distópicos, de construcciones para masas de campesinos como posibles soluciones habitacionales y el fracaso de estos, o éstas oposiciones a las utopías, el lugar donde todo es como debería ser. Leonardo Lippolis en «Viaje al final de la ciudad » lo definía como “Distopía, no solo indica negación sino también alteración, es, por tanto, la antítesis de la sociedad perfecta, un lugar del todo indeseable producto de los fracasos del “progreso”.

Si hablamos de lugares utópicos para habitar, los artistas Carlos Llavata y Volkan Aslan nos presentan dos propuestas ambas relacionada con agua. Mientras que el español en Bruming my house (2088) nos presenta una acción casi irónica sobre el concepto de limpiar nuestro hogar, en este caso el Mar Mediterráneo, totalmente deteriorado por el propio ser humano que lo ama y destruye al mismo tiempo. Y a la vez una acción que contrapone el deporte de ricos como es hacer submarinismo con la acción más cotidiana que es limpiar una casa.

Por otra parte, el artista turco en Home Sweet Home nos presenta una parábola del habitar como un lugar en ninguna parte, un espacio sin límites, sin fronteras o justo lo contrario a orillas de varios países, culturas, religiones y siendo el Bósforo el eje que mueve una embarcación donde conviven dos personas, cada una con su personalidad, su estilo de vida, imágenes del río como un corazón simbólico y físico de la ciudad como la propio artista lo define.

Algunas personas aterrizan, se instalan en países y eso les hace cuestionarse de dónde se sienten, cómo se sienten, qué es lo que quieren ver, construir o qué modo de habitar les gustaría tener. Sergio Cabrera habitante a su vez de barrio Vallecas (Madrid, España) del que presenta en su obra Imágenes ahogadas nos habla de cómo unos individuos hacen suyo un territorio, levantando casas, calles, como un acto colectivo, solidario, político por una parte, pero apolítico pues no es un sentimiento de pertenencia a un color, estado, sino a un grupo social que les hace luchar por unos derechos, un tipo de vida. Sergio nos habla también de cómo estos territorios cambian y cómo las tecnologías se aproximan a los territorios, en muchas ocasiones borrando sus historias, deshumanizando para «facilitarnos nuestra existencia», o eso dicen.

Otras obras también relacionadas con el lugar que nos acoge o expulsa nos hablan de recuerdos, de nostalgia, de sentimientos, así es la historia de un refugiado político exiliado de Rusia, Ilnur Sharafutdinov en su pieza autobiográfica Hombre del norte, que como muchos creadores se ponen en primera persona para hablar de un problema, de una violencia ejercida o de un sentimiento profundo, sea personal o colectivo.

Otros ciudadanos no tienen la misma suerte y su vida, ya no es una cuestión de cambiar para mejorar, vivir y tener nostalgia, trabajar o incluso mal vivir para tener un hogar. Sino que tras haber perdido todo, a veces incluso la consciencia no tienen nadie que les espere tras la puerta, ni lugar donde cobijarse sino no es una línea nocturna de autobuses que les da un pequeño descanso, por pocas horas, de manera incómoda pero quizás segura, ya sea por el refugio del frío, de la violencia de la propia vida en ciertos lugares o zonas. En este caso es la artista estadonidense Elizabeth Lo quién nos habla de este posible Hotel 22.

Eugenio Ampudia, reivindica como suyo lugares icónicos de la cultura y la historia del arte. El español comenzó la serie en 2008 en el Museo del Prado, bajo Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya y sigue templos del arte como la Alhambra, la feria de ARCO, la Biblioteca del Palácio Nacional da Ajuda en Lisboa, el Palau de la Música de Barcelona o la Academia de Roma. En su serie, hasta ahora sin fecha de fin, Dónde dormir nos propone el acto de ocupar espacios públicos como convulsión política de los últimos años (15M, Occupy Wall Street, Occupy Museums, etc.), y en su caso estas pernoctaciones se han convertido en un acto de resistencia en sí mismo y en toda una declaración de intenciones.

Pero si la ciudad no deja otra escapatoria que refugiarnos y no salir, como ocurrió con el miedo que nos hicieron sentir en la pandemia (2020-21), o escapar de ella e inventarnos otros posibles mundos o refugios, en ese caso las soluciones son variadas por los siguientes artistas presentes.

Los portugueses Eunice Artur y agendas obscuras nos presentan en Pandopticon casi como un sueño donde no se puede escapar ese mundo distópico y extraño. Animales que toman las ciudades, o personas que toman las terrazas, como único habitat habitable, vivible, quizás escapable, si es que damos por válido la supuesta libertad que nos da el sentirnos seguro, encerrados por nuestra propia seguridad, protegidos de nosotros mismos.

Por su parte, el artista español Rubén Martín de Lucas, siempre de manera sutil nos habla de política, de territorio, de tiempo. Y en su serie Repúblicas Mínimas, proyecto de vida, y prepandémico se autoinvita a habitar un terreno durante 24 horas de no más de 100m2 y por una única persona, en este caso el propio artista. Pertenece a la serie Stupid Borders que pone sobre la mesa las fronteras absurdas que sirven para poner de manifiesto el carácter efímero, artificial y transitorio de estos convencionalismos sin los cuales somos aún incapaces de convivir.

Otros viven en espacios mucho más reducidos, 100m2 es un lujo que un inmigrante sin papeles, que trabaja de sol a sol en un campo de cultivo intensivo recogiendo fruta, no es capaz ni siquiera de soñar. El también español Eduardo Balanza nos habla de La Fragilidad de Habitar mostrándonos tanto con drones como con cámara en mano el nuevo capitalismo, las formas de habitabilidad asociadas al trabajo donde el habitat se construye con materiales de desecho y la vida no vale más que lo que consigas ese día, si consigues llegar al final de la jornada laboral de 16 horas diarias.

Sin darnos muchas más explicaciones, el artista polaco-francés Loïc Gatteau en su obra Lignes de fuites nos presenta una propuesta limpia, casi mínima, donde no somos capaces de identificar qué está pasando. Calles, coches, ciudadanos que eligen o son orientados a una única dirección. Una huida de la ciudad, de ese tipo de vida. No hay respuestas, solo indicaciones que hay que irse.

El hacia dónde, quizás podría ser Magda Gebhardt quien nos de posibilidades, pasajes donde escaparnos, refugiarnos, sentirnos mejor, reconstruir nuestras vidas. La brasileña en su propuesta silente Atlas nos invita en esta performance sin fin de construcción y destrucción de paisajes, casi al igual que Atlas que soportaba el mundo sobre sus espaldas. Lugares donde inventarnos otras vidas, habitar otros cuerpos, sentirnos otros.

O quizás, si no somos ni siquiera felices o no tenemos ni la voluntad ni la posibilidad de salir de nuestro entorno, sea mejor romper con todo lo anterior y hacer un nuevo orden mundial, o puede que éste ya se hizo y no somos más que peones en un mundo que no nos pertenece y del que solo somos utilizados. El colectivo Democracia en tu tríptico operístico ORDER nos habla de las personas que pueden cambiar el mundo. Desde Houston, en el primer acto donde se simboliza el corazón del imperio, la sede histórica del conservadurismo americano. A Dublin, donde se celebra el segundo acto como una oda al consumo, con un coro de niños en la ciudad donde están las sedes de empresas como Apple o Amazon. Al tercer acto en Londres, donde personas con mucho poder político y económico (oleoductos, minerales) son cuestionados, así como el propio discurso hegemónico, tanto del sistema, las costumbres o historia, mediante una exquisitez estética que combina limusinas, panteras negras, niños monos, ricos, pobres y personas con ganas de otro mundo donde habitar.

«Dos caminos se me presentan,
yo solo he escogido el menos frecuentado,
esa es toda la diferencia». Robert Frost

Texto: Mario Gutiérrez Cru

Programa I (89 min)

JAVIER CALVO (cos) Solo yo (4:57, 2013)
NÚRIA GÜELL (…) Apátrida por voluntad propia (4:26, 2013)
CHRISTINA SCHULTZ (esp) Decision of no Return (8:08, 2017)
LUCIANO SCHERER & MAÍRA FLORES (bra) Sin Título (Reflejos) (5;00, 2020)
BANI ABIDI (paq) The Distance From Here (12:13, 2020)
CHRISTIAN LAGATA (esp) A World In Ruins (5:47, 2019)
CARLOS LLAVATA (esp) Bruming my house (2088)
(1:04, 2009)
VOLKAN ASLAN (tur) Home Sweet Home (6:50, 2017)
SERGIO CABRERA APARICIO (esp) Imágenes ahogadas (4:42, 2020-21)
ILNUR SHARAFUTDINOV (rus) Hombre del norte (08:51, 2021)
ELIZABETH LO (eeuu) Hotel 22  (8:39, 2016)
EUGENIO AMPUDIA (esp) Dónde dormir (5:44, 2008-22)
EUNICE ARTUR & AGENDAS OBSCURAS (por) Pandopticon (13:32, 2020)

Programa II (75 min)

RUBÉN MARTÍN DE LUCAS (esp) Repúblicas Mínimas (6:00, 2015-22)
EDUARDO BALANZA (esp) La Fragilidad de Habitar (14:00, 2019)
LOÏC GATTEAU (pol/fra) Lignes de fuites (4:33, 2016)
MAGDA GEBHARDT (bra) Atlas (6:12, 2012)
DEMOCRACIA (esp) ORDER, Act I, Eat the rich/Kill the poor, ORDER Act II Konsumentenchor y ORDER Act III Dinner at The Dorchester (23:09, 17:46 y 18:53, 2018)

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