Durante el Festival de PROYECTOR la Colección INELCOM abrirá sus puertas del 10 al 19 de septiembre de 2025 con una programación especial:
Durante la jornada del martes 16 de septiembre se realizará una visita guiada por las piezas audiovisuales de la colección con un artista invitado.
Durante esta jornada facilitaremos un autobús gratuito desde el centro hasta la sede (ida y vuelta) Saldrán desde Estación del Arte, a las 11:15h. Evento de carácter gratuito con inscripción previa necesaria tanto para la visita como para los autobuses.
Se realizará una charla con el artista invitado Pablo Useros (esp) que presentará su pieza La Metamorfosis en el espacio de exhibición de la Colección INELCOM. Su obra estará disponible del 10 al 21 de septiembre.
La Metamorfosis
En la literatura la elipsis funciona de otra forma. Los saltos temporales se producen a nuestro antojo. Marcamos los libros, volvemos a esas marcas y las volvemos a marcar —o desmarcar. Nos quedamos con dudas, releemos o buscamos el final para saber qué va a pasar y así poder leer con más tranquilidad. Empezamos in media res, vivimos las historias en retrospectiva, entre ida y vuelta. En el cine, en cambio, la experiencia es distinta, al menos en el cine clásico. Frente a la cinta de 16mm que solo conoce el adelante, no nos queda más que avanzar hasta el final. Palabra por palabra, fotograma a fotograma, siempre a la misma cadencia. Siempre hacia adelante, el cine nos mide el tiempo.
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Borges señala que una traducción más certera del título de la obra de Kafka sería La transformación. Hoy en día, La metamorfosis se instauró como su título canónico. Cambiar de medio, como ocurre en una traducción, es en sí mismo una transformación, y toda transformación implica cambios. Las páginas se vuelven fotogramas. Las palabras se transforman en imágenes que no dejan de ser palabras. El texto se traslada a una nueva materialidad, a otro medio, y este aporta sentido.
Si la literatura comunica con palabras, el cine lo hace con una mezcla de texto e imagen. En esta metamorfosis el texto nunca pierde su forma, las palabras siguen siendo palabras, pero pierden su función. La forma de las letras permanece, pero ya no comunica. La a pasa a ser una mancha de tinta en la celulosa, un fotograma en la pantalla, la luz de la diapositiva. El código del idioma se diluye en un mar de formas efímeras que apenas alcanzamos a leer. Para la tradición judía, de la que Kafka es heredero, la palabra no solo representa las cosas, las hace presente. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. La palabra no sólo antecede a la cosa, sino que la materializa en un acto mágico. El lenguaje deja de ser una forma humana de entender al mundo para pasar a ser una forma divina de hacer. En ambos casos el lenguaje crea mundos, de manera metafórica o figurada. Se dice que vivimos en una época de imágenes, pero quizás vivamos más bien en una época de palabras y de textos. Una época en la que la palabra no materializa la cosa, sino que la representa, para luego reemplazarla. La palabra ocupa su lugar y la fagocita. La arrogancia de las palabras. Cada vez más la realidad se vuelve verbal, aunque sintamos que siempre hay algo que se escapa al lenguaje. El abismo de la realidad más allá de las palabras. Porque si aceptamos que las palabras no remiten a objetos verdaderos sino a conceptos, sería ingenuo pedirles que reflejen el mundo.
Las palabras, que alguna vez comunicaron, ahora se vuelven forma. El símbolo se diluye. Su sonoridad vocal acompaña esta idea y se transforma en el ruido gris de la máquina. Mantra en la pantalla que parece caer como una lluvia de luz y tinta.
Texto de Santiago Colombo Migliorero

