En un tiempo en que lo visible ya no garantiza comprensión ni estabilidad, estas cuatro obras proponen distintas formas de navegar lo incierto: cuerpos, imágenes, climas y pensamientos que flotan, se desintegran, se fragmentan y se revelan desde lo oculto.
En Streams, Gabriele Rossi sumerge nuestros cuerpos en una corriente que, lejos de oponer resistencia, invita a abandonarse al fluir. El agua —elemento que da forma sin retenerla— se convierte en metáfora de supervivencia: sólo cediendo ante la corriente podemos emerger, reencontrando en la abstracción un nuevo sentido.
Michael Fleming, en Night Trawler, lanza redes hacia lo onírico. Su montaje de imágenes encontradas nos arrastra por un mar de asociaciones libres, en donde la lógica del sueño sustituye a la del relato. Lo absurdo y lo inconexo revelan, paradójicamente, una verdad más íntima: la del pensamiento desbordado.
Phantasia, de Jorge Moneo, propone una arqueología visual: las esculturas radiografiadas revelan capas invisibles al ojo humano, uniendo los albores del cine y la medicina moderna en un mismo impulso escópico. Entre lo físico y lo espectral, estas imágenes resuenan con una belleza inadvertida, casi fantasmal: espectros que hablan tanto de lo técnico como de lo poético.
Finalmente, Indagaciones atmosféricas de Maia Gattas interviene el archivo científico para observar la convivencia entre humanos, tecnologías y fuerzas naturales. Mediante el found footage, la artista revela una coreografía entre el control y la incertidumbre, entre la predicción meteorológica y lo incontrolable del entorno. En este diálogo entre datos y paisajes, la atmósfera se convierte en un espacio político y estético.
Estas obras, en conjunto, nos sumergen en un territorio donde lo intangible se vuelve forma: una travesía por paisajes mentales, físicos y tecnológicos que resisten la claridad y habitan lo intermedio.
Texto de Rebeca M. Urízar

