LA TIERRA COMO ARCHIVO: MEMORIA, COLONIALISMO Y PROGRESO

10.09.2026. 21.30h

Artistas: Maddi Barber (esp), Mira Klug (aut)y Tosca Schift (hol)

Esta muestra cuenta con el apoyo de Mondriaan Fund.

“Que nadie coloniza inocentemente, que nadie coloniza tampoco impunemente.” (1)

Aimé Césaire nos recuerda que la colonización no es solamente una ocupación territorial. Es una forma de apropiación que transforma aquello que encuentra en materia disponible: cuerpos, culturas,recursos, conocimientos y territorios. La colonización es también, para Césaire, un proceso de cosificación.

Quizás podamos mirar desde aquí la tierra como un archivo. No un archivo ordenado y cerrado, sino una acumulación de tiempos, huellas y restos. Aquello que ha sido desplazado, extraído, ocultado o transformado permanece de alguna manera inscrito en el lugar. La tierra guarda una historia que no siempre coincide con la que hemos decidido contar.

Esta es una plaza es, en sí misma, una historia de transformación del territorio. Un solar abandonado durante más de treinta años que, en 2008, los vecinos de Lavapiés recuperaron para convertirlo en jardín, huerto, espacio de juego, encuentro y creación. Una tierra que deja de ser un vacío disponible para convertirse en un lugar común. Un espacio mantenido y cuidado colectivamente.

La plaza plantea así una forma particular de relacionarse con el espacio: no basada en su utilidad o su capacidad de producir, sino desde el cuidado y el uso compartido. La tierra no como recurso sino como lugar de vida. Y es precisamente sobre diferentes formas de relacionarnos con la tierra donde se encuentran las tres obras que componen esta muestra, donde distintos paisajes aparecen atravesados por procesos de desplazamiento, extracción y transformación.

Walter Benjamin escribió que “no hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”(2). La historia también puede leerse desde aquello que permanece en sus márgenes: las huellas, los restos, los objetos, las ruinas. El progreso deja documentos. También deja heridas.

En It’s too cold for the spirits to live here, la artista holandesa Tosca Schift parte de una memoria familiar atravesada por el desplazamiento colonial. Una familia abandona Indonesia en 1958 y viaja hacia los Países Bajos. En el trayecto desaparecen los espíritus que habían formado parte de su vida. El barco se convierte entonces en un espacio entre tiempos y territorios, mientras el archivo familiar vuelve a abrir aquello que durante años permaneció guardado.

La búsqueda de los espíritus es también una búsqueda de la memoria. La película se extiende fuera de la pantalla: árboles sin raíces se interponen entre el proyector y la imagen, proyectando sus sombras sobre ella. La radio busca señales en el presente. El cuerpo, el cuchillo, el cañonazo y la tala hacen aparecer la violencia colonial como una presencia física. El pasado no está terminado: permanece entre nosotros.

Maddi Barber, artista española, se aproxima a la memoria desde la arqueología. Harria & Poltsa (Piedra & Bolsa) observa el yacimiento del túnel de San Adrián y los procesos mediante los cuales aquello que permanece enterrado es encontrado, extraído, estudiado y desplazado.

La arqueología aparece así como una práctica de desplazamiento. Sacar algo de la tierra significa cambiar su lugar, su contexto y también su significado. La pantalla participa de esta misma paradoja. Es una estructura móvil que acoge imágenes y que, como los objetos arqueológicos, puede cambiar de contexto. La aparición implica también un desplazamiento.

En Swallowed Matter, la artista austríaca  Mira Klug lleva esta relación entre territorio y explotación hacia el presente. Un embalse seco aparece como la ruina de un modelo energético anterior y, al mismo tiempo, como el paisaje sobre el que se proyecta una nueva forma de extracción: la de las infraestructuras que sostienen la inteligencia artificial.

La tecnología se presenta como progreso, como promesa de eficiencia, conocimiento y futuro, mientras oculta aquello que necesita para existir. Los centros de datos consumen agua, energía y territorio; necesitan materia y recursos para producir una imagen de lo inmaterial. La inteligencia artificial parece habitar un espacio sin tierra, sin cuerpos, sin paisaje, pero su funcionamiento depende precisamente de ellos. 

Klug no muestra el centro de datos. Muestra el paisaje que permite pensar su existencia. El embalse seco aparece entonces como una ruina y, al mismo tiempo, como advertencia. El futuro tecnológico no llega desde fuera del territorio: se alimenta de él. Quizás el verdadero problema sea precisamente aquello que la palabra progreso consigue ocultar.

Colonialismo, arqueología y tecno-colonialismo recorren tiempos y contextos distintos, pero las tres obras comparten una preocupación por aquello que permanece cuando un lugar ha sido intervenido. Frente a la lógica que convierte el paisaje en recurso, proponen detenerse ante sus huellas: escuchar lo que persiste, atender a lo que ha desaparecido y dejar que la materia revele aquello que la historia no siempre consigue contar.

Esta es una plaza, un territorio abandonado se convierte aquí en un espacio de cuidado colectivo. Durante una noche, las imágenes llegan a este lugar, los árboles interfieren en la proyección, las estructuras ocupan el suelo, los cuerpos atraviesan las imágenes. El vídeo se convierte en una capa más de la vida urbana.

Quizás mirar la tierra como archivo sea también aprender a relacionarnos con ella de otra manera. Como algo que guarda, que devuelve, que resiste y que también nos observa.

(1) Césaire, Aimé (2006). Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. Traducción de Juanmari Madariaga, Beñat Baltza Álvarez y Mara Viveros Vigoya.

(2) Benjamin, Walter (2021). “Sobre el concepto de historia”, en Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política. Madrid: Alianza Editorial.

Texto: Joana Groba