The Strangers
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En fines de semana o vacaciones, la estación de tren Zhongli en Taiwán siempre está repleta de trabajadores migrantes. Las voces y el mal olor de la estación son capaces de confundir a cualquiera y hacerle pensar que se encuentra en otra estación perteneciente a algún país del Sudeste asiático.
La población total de trabajadores migrantes en Taiwán ha sobrepasado aquella relativa a los taiwaneses aborígenes. Ellos migran por la mejora de sus condiciones tanto a nivel económico como vital, un fenómeno usual a lo largo de toda la historia. Hoy en día, el mundo se encuentra lleno de oleadas de refugiados de la guerra procedentes de Afganistán, Somalia, Libia, Birmania o Siria. Si pensamos en los millones de tropas de Mainlander y civiles retirados en Taiwán después de la pérdida de Kuomintang en la Guerra Civil China (1949), son precisamente ellos, incluido mi padre, los que ahora se consideran “personas desterradas” atendiendo a los criterios de la sociología. Mi padre, de hecho, era considerado un refugiado durante la Guerra Civil China, un extraño lejos de su casa.
En “The Strangers”, uso una cámara de alta velocidad y un foco de alto lumen para disparar al vagón de pasajeros que pasa a través de la ventana. A medida que el tren se acerca al andén, enciendo el foco y la cámara comienza a grabar a los pasajeros esperando en el andén a una velocidad de 1.200 frames por segundo. Los ocho segundos de rodaje se convierten pues en ocho minutos cuando se pasa a una velocidad normal. Cada vez que la cámara captura cada cara extranjera en alta velocidad, estos extraños se convierten en esculturas, congeladas en el tiempo, en un andén que pasa a ser un escenario enfocado donde cada uno de ellos parece encontrarse en un lúgubre retrato que nos mira a la cara.

