It´s the end of the world as we know it (and I feel fine)

12.09-28.11.2026
Inauguración 12 septiembre a las 12:30h

Artistas: Arturo Franco / Tono Mejuto (esp) y Taylor Alaina Liebenstein Smith (eeuu/fra)

Una advertencia: este no es un paper académico y las obras que verán no representan el fin del mundo, sino que hacen de él un registro sensible: a través del frío, el material fílmico, el sonido desfasado, la ruina, el subsuelo y los imparables tiempos de descomposición. 

Los invito a adentrarse en las profundidades de la tierra, sintiendo por momentos asfixia, caídas libres, respiraciones entrecortadas, el frío más penetrante en contacto con su piel, narrado en película de 16mm o proyecciones de diapositivas de 35mm de suma belleza. Taylor Alaina Liebenstein Smith, nos propone un recorrido por una videoinstalación donde vemos elementos muy pequeños de investigación científica sobre el permafrost1, retratados y amplificados a una escala en la que son difíciles de ignorar. El principal problema del deshielo del permafrost, producto del cambio climático, es que almacena aproximadamente el doble de carbono que el que existe actualmente en la atmósfera, además de también contener metano. Esto llevaría a una aceleración del deshielo, y por ende a un aumento de la temperatura global entre otros problemas. Es por eso que en tiempos de hiperobjetos, donde es tan difícil ver y/o entender la contaminación y los efectos de los gases invernaderos, la obra de Liebenstein Smith nos da una herramienta sensible para aproximarnos al tema. Ella trabaja dentro del intersticio del arte con la ciencia, lo hace colaborando con científicos de la Universidad de Oslo, coreógrafos, entre otras disciplinas. La artista también nos expone a un universo de máquinas y canteras a cielo abierto de mega minería, desechos industriales, cursos de agua contaminados, análisis en laboratorios y personas que trabajan en empresas que lidian con esos agentes patógenos. Pero todo ese recorrido lo hacemos en una perspectiva mayoritariamente subjetiva, por lo que nos hace parte de la narración y eso funciona como una metáfora de ser uno con la biosfera y con las consecuencias de ese antropoceno. En esta serie de obras ella logra hacernos parte de un pliegue deleuziano con toda la biosfera en su sentido más amplio. La implicancia de Liebenstein Smith también la lleva a que el soporte fílmico de la obra artesanal o industrial sea expuesto al material contaminado recogido para su posterior análisis, o sumergiendo la película en agua no apta para consumo, como un proceso necesario de contacto. Lo que vemos en esta sala es también el producto de esa doble exposición, de esa simbiosis con el tema, de ese nuevo pliegue. 

1 Al permafrost lo conforman capas de suelo, roca o sedimento que permanece completamente congelado a temperaturas de 0 grados centígrados o inferiores durante al menos dos años consecutivos, se encuentra más que nada en el hemisferio norte y abarca cerca del 24% de la superfi cie terrestre de ese hemisferio. 

Si en Liebenstein Smith la imagen se ve afectada por elementos tóxicos, en la obra de Arturo Franco y Tono Mejuto el soporte parece sufrir otra forma de degradación: incisiones, capas históricas, sedimentos arquitectónicos. En ambos casos, el cine expandido y experimental no es un registro neutro, sino un elemento vivo. 

En el trabajo de esta dupla de artistas es otro intersticio disciplinar pero en este caso entre la arquitectura, el arte y el cine. Esta obra constituye una meta-imagen conceptual, una obra sobre una obra, en base a una obra (Santa Clara-a-Nova) de otros arquitectos, que es la segunda obra de un edificio abandonado (Santa Clara-a-Velha) al margen del Mondego, un río que desde hace siglos se viene comiendo un monasterio. Un palimpsesto visual que se materializa en una película atacada con pequeños tajos por los artistas, de un edificio que se recupera pero para ello hay que desenterrar, extirpar, limpiar, descender y extraer para analizar su estado actual y lograr ver tras tanta historia su forma más limpia, su estado más puro. Franco y Mejuto logran contar y mostrar poéticamente la rehabilitación de un edificio dedicado originalmente a acercarse a Dios y eso queda embebido en forma metafórica en el momento de salir a la superficie y ver e los trabajadores, pasando del blanco y negro al color. En una disciplina humana tan contaminante como la arquitectura ellos eligen otro camino, el de recuperar e intervenir lo mínimo indispensable. Hay un recurso que amplifica el texto que estamos viendo, que es separar el audio de la imagen para que esas laceraciones sobre la película sean una metáfora visual de los estigmas de San Francisco. Este uso del sonido asincrónico es también una estrategia conceptual que utiliza Leibenstein Smith cuando vemos su obra: el agua corre en momentos donde no hay agua, se escuchan golpes a destiempo, logrando así generar otro clima y una nueva capa de sentido. En ambos casos esa elección estética enriquece enormemente la imagen visual, como si la memoria de ambos registros estuviera separada en nuestra mente lo que amplifica la profundidad simbólica de estos cuerpos de obras. 

Mientras el permafrost se deshiela y habitamos, con Latour, el quietismo, quizás lo mejor que podemos hacer es rehabilitar espacios existentes, haciendo el menor daño posible, disfrutando al máximo el presente para ralentizar el desastre. 

Una recomendación: buscar en el dispositivo de vuestra preferencia la canción que titula este texto, usar auriculares si están en espacios públicos, subir el volumen al máximo que podamos y bailar esta canción hasta recuperar el ánimo. Repetir las veces que sea necesario. 

Texto: Ernestina Pereyra Gallo, Montevideo, 2026