Artistas: Alan Sahin (sui), Francisco Pradilla (esp), Lu Chih Kai (tw), Maia Navas (arg) y Miguel Rozas Balboa (bel/chi)
Proyección de una selección de obras. Entrada con aforo reducido adquiriendo una entrada gratuita online o en taquilla.
Desconozco si la propia vida es de una misma. Desconozco más allá de teorizaciones culturales, antropológicas, sociales y/o psicológicas que es vivir. Y desconozco si realmente las vidas de los otros -las ajenas- no son propias. Cada disciplina nos muestra formas posibles de comprender este mundo -ya sea cercano o a mil kilómetros del suelo que pisamos-. Y, tal vez, el videoarte, en concreto esta muestra es el ejercicio posible de reflexionar sobre si lo ajeno nos puede interpelar y sume a la narrativa de nuestra cotidianidad otras formas de comprensión, de análisis, de acuerpar en nuestra experiencia otras profundidades, otras miradas ajenas, bastardas, alejadas multisemánticas y polifónicas.
En el proyecto literario de la argentina a Vir Cano, cuando en 2021 publicó su Borrador para un abecedario del desacato, que acoge multitud de palabras que les dará espacio en su redacción para definirlas desde lo que la traviesa en su momento con un eje importante que de todas formas a todas nos ocupó la vida: el estado de alarma la presencia del COVID y todas confinadas en las cuatros paredes de nuestras casas -quien tuviera casa, no todo el mundo tiene ni vivienda ni hogar-. Ella, Vir Cano, dirá del término vivir que es: “A veces un infierno, a veces un remanso, en ocasiones un abismo, en otras en letargo; a como dé lugar el embrollo en el que estamos inmersos, el desafío al que no podemos renunciar. Vivir como un problema, como advierte Haraway, como el conflicto en el que debemos permanecer, como una inquietud común, en el mejor de los casos, una pre/ocupación colectiva” (Cano, Madreselva, 2021, p. 73).
Vivir y las vidas ajenas son un problema al que esta agrupación de filmaciones artísticas nos enfrenta. Vivir desde y con lo ajeno que nos puede interpelar, alcanzar y, si me permiten, transfigurar la otredad posible, en la alteridad lejana a nosotras y que está porque es posible, es un fenómeno que lo acariciamos cuando penetramos en esta muestra.
Alan Sahin en Smoke Break (Zigipouse) nos ofrece siete posibilidades de conocer otros mundos y otras personas en una parada técnica del quehacer humano, en menos de cinco minutos se para y se fuma; entre bocanadas e inhalaciones se solapan las vidas que no conocemos y que a su vez nos interrogan.
Si continuamos veremos la propuesta de Francisco Pradilla en su Breaking News. ¿Todo lo que nos cuenta un presentador de televisión -aunque parezca creíble- es la realidad? Abre cientos de preguntas para reflexionar sobre los poderes, sobre la capacidad de identificación entre el que ve la noticia fuera del plató -el televidente- y quien nos narra el suceso -presentador-. Así lo ajeno se filtra por el paso estrecho de lo creíble, ¿es esto información u otras operancias que hablan de los múltiples estadios de la información?
Lu Chih Kai en su Rolex in the Sky conversa entre el formato fotografía vertical, la comunicación en línea y la variable de la temporalidad. En esta interacción comunicativa entre la autoría y un relojero sacude la potencia de cómo se crean los recuerdos y cómo estos perduran en nuestra retina y la memoria.
Miguel Rozas Balboa nos hace testigos de un relato familiar y de una despedida; lo titula Humano. Sus protagonistas habitan al sur de Chile en una vivienda precaria. La videoinstalación no solo nos narra la enfermedad Antonio y cómo Elsa y su nieta acogen esta situación en sus propias vidas, sino que nos propone un mirar más allá y reflexionar sobre el sufrimiento de la población indígena en los territorios donde son tratados como invitados y no como partes de. Es la posibilidad de la historia concreta y del trasfondo histórico que llevan a situaciones sufrientes por deudas políticas y maltratos de generación en generación.
Y por último en Enviado para Falsear, Maia Navas dialoga entre el pasado y el presente de la realidad que viven en el año 2020 cuando se derriba un dron policial del barrio Gran toba en Argentina y de cómo en el siglo veinte esta comunidad del pueblo de Qom fueron objeto -y sujetos- de una masacre. Tal vez ambas situaciones hablan de mecanismos de poder similares con acentos y evoluciones tecnológicas distintas: el poder que disciplina los cuerpos que supuestamente no importan.
Texto: Manu Palomo

