Curador: Mario Gutiérrez Cru
«La vida es un intervalo entre dos exhalaciones». Paul Valéry
Las obras reunidas en RESPIRA pertenecen a la Colección Teresa Sapey, un conjunto construido a lo largo de varias décadas con especial atención a la imagen en movimiento y al videoarte. La generosidad de esta colección, al ceder las piezas para la presente exposición, permite articular un recorrido singular a través de diferentes momentos, lenguajes y enfoques fundamentales del vídeo en el contexto internacional.
RESPIRA nace como un gesto mínimo e insistente: el acto de respirar como forma de permanecer. Respirar es un movimiento casi invisible que conecta el cuerpo y el territorio, la memoria y el presente, la vida y la supervivencia. Esta exposición propone un recorrido por obras que abordan el tiempo suspendido, la fragilidad de los cuerpos —humanos y no humanos— y la persistencia de la memoria en contextos de inestabilidad histórica, política y medioambiental. Respirar, aquí, es también desplazarse, esperar, resistir.
Hiraki Sawa, en Eight Minutes (2005), reconstruye recuerdos de la infancia a través de una delicada intervención en el espacio doméstico. Pequeños animales recorren la casa de la artista en Londres, transformando el interior familiar en un territorio de imaginación y extrañeza. El tiempo —ocho minutos— funciona como una cápsula de recuerdos, donde la realidad y la ficción coexisten. La obra propone una respiración íntima y silenciosa, hecha de recuerdos, desplazamientos y microacontecimientos que escapan a la lógica del progreso y la linealidad.
Thiago Rocha Pitta, en Herença (2006), presenta la imagen de un barco a la deriva que transporta un puñado de tierra y dos árboles. La escena, a la vez irónica y onírica, sugiere un territorio desplazado, arrancado de su contexto original y condenado a un viaje sin destino. La obra evoca la herencia como algo frágil y precario, transportado a costa de un equilibrio imposible. Aquí, la respiración del mundo natural parece suspendida, a la espera de un lugar donde pueda volver a echar raíces.
William Kentridge, con las animaciones de la serie Drawings for Projection (1989-1993), introduce una dimensión histórica y política que atraviesa toda la exposición. Los dibujos al carboncillo —continuamente borrados y redibujados— reflejan un mundo inestable, marcado por las transformaciones del apartheid sudafricano. Las figuras de Soho Eckstein y Felix Teitlebaum, lejos de funcionar como personajes fijos, operan como desdoblamientos de una subjetividad fragmentada, atravesada por la culpa, el privilegio y la memoria. En Kentridge, respirar es existir en un territorio herido, donde el pasado insiste en reaparecer bajo nuevas formas.
Wendy Wischer, en Rage of the Caliban (2006), condensa un ciclo lunar de 28 días en sólo 28 minutos. La luna se refleja en un espejo circular colocado en el suelo, apareciendo y desapareciendo como una especie de respiración cósmica. Inspirada en la célebre frase de Oscar Wilde sobre Caliban y el espejo, la obra presenta a la naturaleza mirándose a sí misma en un gesto de reconocimiento imposible. El reflejo de la luna oscila entre la visibilidad y la sombra, como una metáfora del deseo humano de verse —y de no verse— en el paisaje que habita.
Marina Abramović, en Nude with Skeleton (2002/2013), cierra el recorrido con una imagen radical. Su cuerpo extendido sostiene un esqueleto cuya inmovilidad solo se rompe con el ritmo de la respiración de la artista. Cada inspiración se convierte en un mínimo gesto de resistencia, una afirmación silenciosa de la vida frente a la muerte. La obra cierra la exposición como un manifiesto esencial: respirar es sostener lo que permanece.
En conjunto, estas obras construyen un recorrido en el que el vídeo se afirma como espacio de pensamiento y resistencia. Hiraki Sawa, Thiago Rocha Pitta, Wendy Wischer, William Kentridge y Marina Abramović, figuras decisivas en la consolidación y expansión de la imagen en movimiento en el contexto internacional, articulan diferentes formas de entender el tiempo, el cuerpo y el territorio. RESPIRA nos invita a ralentizar, a mirar y a reconocer que, en un mundo inestable, seguir respirando es ya un gesto político.

