Incarnation
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Incarnation es una serie concebida por Yao Jui-Chung a comienzos de 2016, a partir de un extenso recorrido fotográfico por más de 230 templos, cementerios, parques públicos y parques de atracciones de Taiwán durante un año y medio. La obra se centra en las estatuas monumentales de deidades creadas por la cultura Han, entendidas como proyecciones de los propios deseos, miedos e imaginarios humanos. Algunas de estas figuras permanecen en pie, mientras que otras aparecen dañadas o abandonadas, revelando también complejas relaciones políticas, sociales y territoriales.
El artista evita deliberadamente la presencia humana, así como las ceremonias, festividades o escenas narrativas, para concentrarse exclusivamente en la materialización física de los dioses: grandes cuerpos de deseo proyectado por los devotos. Desde una mirada fría, objetiva y casi tipológica, Yao examina la relación entre ser humano, religión y fe, desplazando la atención desde la arquitectura sagrada o el ritual hacia la dimensión más concreta y absurda de la creencia.
En Taiwán existen más de 12.000 templos, configurando una de las culturas religiosas más densas y singulares del mundo chino. En este contexto, los templos canalizan necesidades terrenales, promesas de bienestar, salud, protección o prosperidad. La devoción no se sostiene únicamente en la fe, sino también en la eficacia atribuida a las deidades y en la fuerza simbólica de sus imágenes monumentales. Frente al paisaje urbano, Yao captura la extrañeza y el exceso de estas esculturas, revelando al mismo tiempo una extraña belleza y la dimensión profundamente sensual de la sociedad contemporánea.
La serie incluye cerca de 300 copias en gelatina de plata y una videoinstalación de tres canales. En esta última, los sonidos del espectro radiofónico de Saturno registrados por la NASA acompañan un recorrido visual por figuras divinas de todo tipo, proponiendo una especie de road movie mística sobre Taiwán, donde historia, sociedad, religión y deseo aparecen estrechamente entrelazados.
En su planteamiento teórico, Yao compara estas grandes estatuas con sistemas tecnológicos: si las deidades principales fueran superordenadores, sus múltiples réplicas serían como terminales conectados a una red espiritual. A través de esta analogía entre religión, técnica y deseo colectivo, Incarnation reflexiona sobre la fe como una construcción cultural, sobre la potencia de las imágenes y sobre el carácter ilusorio de toda representación.

