La alegoría del ritual Ñero y los extraños movimientos de la memoria
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El proyecto parte de una investigación artística en torno a la reconfiguración de la identidad y el sentido de pertenencia en contextos marcados por el desarraigo. Maldonado entiende la herida migrante no como un estado cerrado, sino como un proceso en transformación, una grieta que puede convertirse en oportunidad de reconstrucción, cuidado y resiliencia. Desde ahí, el ruido se presenta como un lenguaje capaz de reconectar memorias y generar nuevos relatos de pertenencia.
“La alegoría del ritual Ñero y los extraños movimientos de la memoria” se despliega como un laboratorio sensorial y emocional en el que conviven arte, neurociencia y memoria compartida. Durante más de dos años de trabajo en Madrid, el artista ha tejido un proceso de exploración donde recuerdos personales y registros colectivos se combinan para dar lugar a una instalación que interpela al espectador desde múltiples ángulos.
Del archivo sonidero a los márgenes de Madrid
El origen de la obra está en Iztapalapa (Ciudad de México), donde Maldonado creció entre los sonideros populares y la cumbia rebajada. Esa memoria personal se enlaza con la experiencia de un grupo de personas migrantes con identidades sexogenéricas diversas, que participaron en sesiones experimentales en los márgenes de Madrid.
A través de estímulos sensoriales vinculados a sus infancias y adolescencias, se recogieron registros biométricos y emocionales que después fueron traducidos en frecuencias sonoras y entrelazados con los ritmos de los sonideros. El resultado es un coro polifónico de identidades y emociones que vibra en la sala expositiva a través de sonido, imagen y proyección.
El visitante se encontrará con una experiencia que no solo se observa o se escucha, sino que se percibe en todo el cuerpo. Las memorias personales se materializan en un conjunto de obras que incluye 28 piezas digitales de arte sonoro, 6 videoinstalaciones de cuatro canales, 1 videoinstalación documental de tres canales, 20 videoartes monocanal, 8 objetos sonoros y 3 instalaciones, además de acciones performáticas y registros documentales que amplían el alcance del proyecto.
Comisariada por Íñigo Rodríguez Román y Maite Sánchez Urueña, la exposición propone un recorrido inmersivo que invita al público a repensar la memoria como un archivo vivo, cambiante y colectivo.

