Fernando Baena
13.05-25.07.2026
La exposición de Fernando Baena en Est_ART Space, comisariada por Mario Gutiérrez Cru y realizada con el apoyo de PROYECTOR dentro de sus proyectos externos anuales, propone una aproximación al vídeo como espacio de pensamiento sensible, donde imagen, palabra, cuerpo y sonido no funcionan como disciplinas separadas sino como capas de una misma intuición. El Instante no se articula desde la narración ni desde una lógica lineal, sino desde la aparición. Desde aquello que sucede apenas un segundo antes de desaparecer.
El tríptico compuesto por Casandra, Zaratustra y Salvador despliega una investigación sobre la imposibilidad de fijar el instante y, al mismo tiempo, sobre la necesidad profundamente humana de intentarlo. En estas piezas, Baena trabaja el vídeo no como mero registro visual, sino como una herramienta capaz de aproximarse a una experiencia difícilmente verbalizable: ese momento de intensidad en el que percepción, memoria y presentimiento se superponen.
La presencia de la poesía es central. Los textos escritos por el propio artista no ilustran las imágenes ni son ilustrados por ellas. Ambos lenguajes nacen de forma simultánea y contaminan mutuamente su desarrollo. El poema aparece pronunciado, respirado, atravesando la imagen como un material más de la composición. Hay en ello una voluntad de devolver a la palabra una dimensión física, temporal y vulnerable, alejada de cualquier función descriptiva.
La danza butoh interpretada por Marianela León introduce otra capa fundamental en la obra: el cuerpo como lugar de transformación y escucha. Grabada sin ensayos previos, su presencia evita la representación coreográfica cerrada y sitúa el gesto en un territorio de riesgo e intuición. El cuerpo no ejecuta; responde. Se mueve como si tratara de captar algo que todavía no tiene forma definida. Esa cualidad inestable y liminal conecta profundamente con la tradición del butoh, pero también con la propia estructura conceptual de la pieza.
La música original compuesta por Coeval actúa como una resonancia emocional y atmosférica que no acompaña la imagen, sino que amplifica su densidad temporal. Todo en El Instante parece construido desde una atención extrema hacia aquello que normalmente pasa desapercibido: una respiración, un temblor, una pausa, una suspensión mínima del tiempo.
Lejos de la espectacularidad o del exceso narrativo, Fernando Baena construye una obra de enorme precisión poética donde el vídeo se convierte en un espacio de percepción expandida. El instante aquí no aparece como algo fugaz que debe ser capturado, sino como un umbral. Un lugar de tránsito donde imagen, pensamiento y cuerpo permanecen todavía abiertos, inestables, antes de cristalizar en significado.

