Gran Karma
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Cierro los ojos y veo el inmenso cielo de Caraguatá y la luna reflejada en el agua quieta del azud. La luz del verano filtrándose entre los postigos de madera y la reverberación del calor a la hora de la siesta.
Recuerdo cuando juntos, vimos el cielo reflejado en 3 dimensiones en aquel lago. Tú estás muerto, yo lo recuerdo por los dos. ¿Los recuerdos que se pierden a donde van a parar? ¿Somos responsables de nuestros pensamientos, de nuestras palabras y de nuestras acciones? ¿Cómo artista soy responsable de las imágenes que creo?
La palabra Karma viene del sánscrito y se entiende como una fuerza invisible y trascendente que se conforma con cada una de las acciones que realiza una persona. Esa fuerza da origen a una cadena de consecuencias y representa fundamentalmente la ley de causa y efecto
Nuestra acción individual y por sumatoria la colectiva, generan consecuencias para nosotros y las futuras generaciones en el plano energético y físico.
La basura siempre me fascinó. De niña, la buscaba durante horas en el vertedero del campo rascando con un palo la tierra, desenterrando latas viejas, huesos quemados, botellas, clavos torcidos o cualquier objeto que me motivara a fantasear, en esas tardes eternas. Luego en un galpón que olía a hierro y grasa, los clavos recogidos se guardaban en un inmenso frasco para ser enderezados a golpes sobre un yunque y reutilizados. No recuerdo encontrar plástico en ese enterradero.
En la huerta, la fruta podrida o picoteada por los pájaros, se llevaba en una carretilla al corral de los cerdos. También las achuras de los capones faenados los alimentaban.
Los cueros de las ovejas, eran a su vez curados y utilizados como cojines para las monturas y la carne como alimento. En el campo había una economía circular, que no circulaba de forma equitativa ni alcanzaba a brindar confort a todos.
Antes del uso industrial de los combustibles fósiles, la mayoría de las actividades humanas, dependían de la fuerza de animales y de personas. Cultivar, fabricar y transportar cosas, exigían grandes dosis de trabajo, lo que daba a esas cosas un gran valor. Nuestra limitada energía física también restringía el impacto que podíamos ejercer sobre el planeta. Cierto que también se traducía en pobreza generalizada.
Los combustibles fósiles dispararon nuestras posibilidades, y el proceso se sigue intensificando hoy. En los últimos 50 años, mientras la población mundial se ha duplicado, la cantidad de material que mueve la economía se ha triplicado y estamos alcanzando los límites.
Recojo material que trae el mar y los transformo en pieles de depredadores casi animales, simbiosis de la naturaleza, la industria y las nuevas tecnologías. Los cuelgo de ganchos de acero, abiertos, exhibiendo sus órganos. Veo dientes y huelo sangre.
El plástico ha sustituido al cuero. Eso es conveniente para algunas especies, pero no para el resto. El plástico de hoy es responsable de lentos exterminios.
Mi trabajo consiste primero, en encontrar la basura en las orillas del pueblo donde vivo y preguntarme por sus recorridos y tiempos. Ante uno de los tantos envases metálicos de desodorante en aerosol encontrados en la playa, me pregunto qué economía hace posible semejante desperdicio y qué pensamiento nos permite llenar de basura nuestro ecosistema sin cuestionarnos, sólo por la ilusión de oler bien y atraer a otros.
La basura es uno de los rastros más fuertes de la humanidad. A través de ella, se estudian las civilizaciones, su gente y economía.
Dos tercios de todos los combustibles fósiles, alimentos y demás recursos que tomamos de la Tierra y transformamos en productos, acaban siendo basura y casi siempre esa basura es parte de un problema medioambiental más amplio.
Esta basura producto del consumo desenfrenado y que todos ayudamos a producir, conserva su atractivo intrínseco, las texturas, brillos, colores, diseños, quedan impregnadas en las formas encontradas. Se desgastan dando lugar a formas sutiles y frágiles, micro plásticos cargados de deseo.
Entiendo el arte como herramienta de investigación y generación de conocimiento, para mí en primer lugar y para cualquiera que quiera conocerlo. Como una hurgadora, escarbo el concepto de la basura, buscando todos los pliegues de esa palabra y sus implicancias. Encontrar su razón social, porqué la naturalizamos tanto, qué significa. Cuánta riqueza transformamos en desperdicio, cómo se traduce esto en nuestro Karma personal y colectivo. ¿Qué miserias esconde, más allá de la degradación que estamos ocasionando a la Tierra?
Apenas el 9 por ciento del total del material extraído a la Tierra es recapturado por medio del reciclaje. El resto se pierde, en la tierra, la atmósfera, en los ríos, sin posibilidad de recuperarse jamás.
Somos artistas pobres. El arte pobre se financia como toda industria pobre, de lo que puede o de la economía solidaria. Pensar en formas alternativas de circulación del arte y del conocimiento que éste genera. Galerías, bienales, residencias, conferencias y exposiciones como las conocemos, son discursos del poder capitalista y euro centrista, que no encajan en nuestra realidad y tampoco con nuestros valores.
Y en este sistema somos capitales que nos vamos depreciando, a medida que pasan los años. Un artista joven vale más que uno adulto, un artista neoyorquino cotiza más que uno montevideano.
Apostar a una economía circular también en el arte, donde las obras se conviertan en conocimiento, en bienes reciclables a partir de la acción de los demás y sigan transformándose en obra. Todo arte y todo artista, es una obra colectiva.
Arte alternativo, arte solidario, arte que sepa desaparecer, dando lugar a nuevas formas, con otros.

