18.09.2020. 19:30h. White Lab. Inauguración

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ARTISTAS 2020
Realidades locales, problemáticas globales

Artistas: Miguel Braceli (ven), Stefania Tatiana Smolkina (rus), Eduardo Balanza (esp), Lia Leticia Ferreira Leite (bra), Fernando Llanos (méx)*, Luciano Scherer y Maíra Flores (bra), Tamir Zadok (isr) y Ricardo Moreno (col).

En esta aglomeración de imágenes en movimiento, desde la documentación hasta la acción poética, viajamos de realidades locales a problemáticas globales, leídas además desde sus permanencias históricas y desde una crítica a la contemporaneidad como maquinaria que hace caso omiso a lo humano y terrenal.

Desde un ímpetu documental, la pieza ‘Sobre nombres’ de Stefania Smolkina (Rusia) nos retrae en la historia a la Bulgaria socialista a mediados de los 80, donde algo tan aparentemente banal como el nombre nos recuerda otra forma de violencia. Con una lente silenciosa, Stefani nos enfrenta estos testimonios de originarios Turcos a un presente memorial de esa Bulgaria, donde las identidades de los tomadores de decisiones paradójicamente se desvanecen entre el homenaje y la decadencia. Entre este paralelismo acción-tiempo permanece un recuerdo nunca dialogado.

En lo que a identidades respecta, la obra de Tamir Zadok (Israel) nos sumerge en un viaje complejo por un caso fascinante de un miembro del Mossad en los años 50, Shlomo Cohen Abravanel, quien se hace pasar por artista durante su clandestinidad en Egipto. El video en cuestión, construido a partir de ‘’la actuación, el documental y la ficción’’, registra la mimetización de Zadok con Abravanel, mientras parte en una misión espía para encontrar una pintura de Abravanel en El Cairo, donde este último vivió y triunfó con su máscara de artista. Más allá de un sofisticado diálogo con el devenir del artista-espía, la obra de Tamir también nos expone a su propia aventura identitaria como israelí mizrahi (manera de referirse a judíos de ascendencia del Norte de África y Medio Oriente tras el movimiento sionista) ‘encubierto’ en territorio árabe.

Con un mismo vigor formal al de Stefani Smolkina, Eduardo Balanza (España) nos traza un viaje en dron donde vemos cómo las comunidades de inmigrantes, asentados en busca de trabajo, intentando hacer frente y sobrevivir en el sistema, se encuentran totalmente al margen de él. Este viaje, de sensibilidad paisajista, se vuelve en realidad en un retrato crudo y honesto de los otros significados de hogar, del habitar en el nuevo capitalismo.

Desde Brasil, Luciano Scherer y Maíra Flores dibujan y desdibujan el paisaje de nuestros tiempos, parpadeante en un tríptico de pantallas. El agua que vemos en la imagen también nos rodea físicamente, y hace de reflejo; los cuerpos que yacen tirados son también nuestros cuerpos. La pieza nos trae imágenes duras, paisajes oscuros de la inmigración, imágenes que todos reconocemos, pasajeras en nuestros dispositivos móviles y en la coyuntura política, pero que buscan permanencia en la conciencia de todos.

La pieza de obra de Miguel Braceli (Venezuela) se enmarca en su continua exploración de ‘obras efímeras en gran formato’. Antofagasta, punto histórico de conflicto en Suramérica es el territorio retratado. El artista nos hace un recorrido del paisaje, comenzando desde la sutileza del mar, hasta la interrupción de un cañón, acompañado de destellos sonoros bélicos, que luego se enfrenta cara a cara a una línea de banderas blancas. El sonido bélico persiste entre las olas que revientan, y la cámara juega con movimientos que nos recuerdan a videojuegos de guerra. Las banderas blancas, acción performativa, se mueven en una especie de danza simbólica hasta enterrarse en el mar, diluyendo, desde la poética del gesto, las tensiones que se levantan hoy en este territorio: ‘’nacionalismos exacerbados y regionalismos excluyentes’’ frente a la creciente migración en el continente.

Lia Leticia Ferreira (Brasil) nos trae una especie de video-assemblage, enfrentándonos a las asociaciones que despierta la yuxtaposición de material encontrado por la artista. En este caso tenemos crónicas sobre Brasil escrita por colonos alemanes, narrada en lengua indígena fulni-ô, y fotografías festivas entre 1960 y 1990 de una completa desconocida. Una intencionada confusión de sujeto/tiempo/postura que nos desentierra, desde una tonalidad muy íntima y afectiva, una realidad colonial global-histórica que aún permea.

Con una intención similar, Ricardo Moreno (Colombia) da un repaso al hito histórico del especulado asesinato de líder político liberal Rafael Uribe Uribe en la Colombia de inicios del siglo XX, perpetrado por dos artesanos. A través de una instalación transmedia como lenguaje formal, el artista nos enfrenta a una recopilación y tratamiento de archivos varios sobre el caso, reinterpretados desde una crítica decolonial. El hecho se subraya como espejo de la relaciones coloniales heredadas, y a la vez como alimento de su continua perpetración.

Por último tenemos la video-instalación de Fernando Llanos (México), un registro en loop, enmarcado en una de las puertas de transporte quemadas que vemos en el propio registro. La toma es un retrato de las armas a tomar de la comunidad originaria del municipio Nahuatzen; un retrato de la violencia como resiliencia autonómica. El vehículo en llamas, de Coca Cola, es calcinado como gesto subversivo, un mensaje poderoso frente a la macro-violencia tejida por las propias autoridades y los grupos organizados de México. Como bien subraya el artista, ‘una puerta que puede conducir a la violencia también puede mantenerla alejada’.

Texto: Ariadna Arce

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