PAULA RUBIO INFANTE Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Danos la paz

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Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Danos la paz
4:21
2007
Díptico

La celebración de la Matanza del Cerdo. La instalación reinterpreta una práctica muy común en muchos países, donde un cuerpo humano sin vida debe ser tapado por una manta o una sábana después de su fallecimiento. En esta pieza los cerdos son manipulados como si de seres humanos se tratase, y se ocultan bajo una “mortaja popular”. Forma parte también de la exposición un audiovisual titulado: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Danos la paz ” donde se proyectan la celebración de la Fiesta Grande o Aid-El-Kebir en Marruecos y la Matanza del Cerdo en el pueblo de Aldeaseca, Ávila.

“El horror, el horror…” [Notas para aproximarse con cautela al imaginario de Paula Rubio].

Paula Rubio presenta la matanza del cerdo en el pueblo de Aldeaseca de Ávila (una fiesta popular paradigmática), tapadas por otras tantas mantas; se trata de una alusión a ese acto de cubrir el cadáver: una suerte de mortaja popular. El cuerpo del animal queda simbólica equiparado con el del hombre, en una metaforización que es, al mismo tiempo, un subrayado de la distancia. Todo lo que se puede transmitir en el intercambio simbólico es siempre algo que es tanto ausencia como presencia. Sirve para tener esa especie de alternancia fundamental que hace que, tras aparecer en un punto, desaparezca para reaparecer en otro: circula dejando tras de sí el signo de la ausencia en el lugar de donde proviene. La obra de arte se entiende como función del velo, instaurada como captura imaginaria y lugar del deseo, la relación con un más allá, fundamental en toda articulación de la relación simbólica: “se trata del descenso al plano imaginario del ritmo ternario sujeto-objeto-más allá, fundamental en la relación simbólica. Dicho de otra manera, en la función del velo se trata de la proyección de la posición intermedia del objeto”. Cuando Paula Rubio alude, por medio del “cordero de Dios”, a la cuestión central del sacrificio o en esas piezas que materializa el cadáver, está desplegando una intensa estética de lo trágico y, así, dando cuenta de nuestra vulnerabilidad. Sus obras son vestigios en pos del sentido, intentos viscerales de sobreponerse al pesimismo y, por tanto, exorcismos de la catástrofe. La rotunda carnalidad de su fantasía nos lleva hasta el terreno de la víctima, allí donde la memoria prácticamente naufraga. Los cuerpos destrozados, la presencia inquietante del animal que nos refleja y la sombra de lo sagrado nos devuelven a ese escenario ancestral en el que corre la sangre, al matadero que, como dijo Bataille, es actualmente algo maldito y está en cuarentena “como un barco portador de cólera”. Tenemos que contemplar esa carroña porque nos enseña no sólo el decir-objetivo sino el fondo abismal de nuestra existencia. El viaje hacia el horror (aquel corazón de las tinieblas), eso que, como la belleza rilkeana, apenas podemos soportar, no permite un retorno con souvenirs, al contrario, en ese proceso radical uno termina por dejarse algo : la piel.
Texto: Fernando Castro Flórez.

Paula Rubio Infante ha sido acreedora de la Beca de Artes Plásticas “Propuestas 2006 ” Fundación Arte y Derecho así como Premio en el Certamen audiovisual INJUVE (2006 ) y en el 2007 Recibió la Beca matadero INTERMEDIAE del Ayuntamiento de Madrid . Sus obras forman parte de Instituciones como la Colección de Arte Contemporáneo de la Consejería de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid .

 

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